ACTITUDES BÁSICAS DEL PROFESORADO
Hay cierta controversia respecto a si existe o no realmente este trastorno. Actualmente, “no existen unos criterios comunes aceptados por la mayoría de los especialistas para definir el TANV. De hecho, el TANV no está reconocido entre las categorías de los principales catálogos de diagnóstico que se emplean en el campo de la psicopedagogía” (Jarque, J. 2013). Por ejemplo, no está incluido ni en el DSM-V ni en el CIE-10 vigentes actualmente.
Sin embargo, hay síntomas o un conjunto de características que tienen los niños con TANV que no se pueden explicar con la presencia de otros trastornos. Aunque hay alta comorbilidad con otros trastornos, como el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), sobre todo con los niños con diagnóstico de déficit de atención, o subtipo inatento, o con el síndrome de Asperger, como hemos visto anteriormente, creemos que podemos concluir que por razones educativas, es mejor aceptar la presencia de este trastorno, es decir, necesitamos aceptar su existencia para poder diseñar la respuesta educativa que se ajuste mejor al perfil de cada alumno.
Aunque progresivamente, en los últimos años, la sociedad, y más concretamente, las familias y el profesorado, han ido conociendo mejor las dificultades específicas de aprendizaje y, por lo tanto, han ido adoptando cada vez mejor las medidas educativas que permiten compensar y, en su caso, intervenir, para mejorar el aprendizaje y el desarrollo integral de estos alumnos, aún queda mucho por recorrer para conseguir de forma plena una respuesta educativa inclusiva, capaz de aprovechar al máximo las fortalezas de estos alumnos y minimizar en lo posible las limitaciones asociadas a su trastorno.
Entonces, como actitudes básicas podemos concretar:
Aceptar la presencia de estos trastornos como alteraciones persistentes del funcionamiento cerebral, concretamente, del hemisferio derecho, que provocan un malestar significativo en determinadas facetas de la persona, como su escolarización o aprendizaje, sus relaciones sociales, deterioro de la vida cotidiana…
Estos síntomas pueden ser diferentes entre los distintos alumnos diagnosticados, y tener distinto grado de afectación. Por ello, es muy importante que una vez que el profesorado (o la familia) identifica una serie de síntomas, se haga una evaluación psicopedagógica que establezca el perfil concreto, para poder diseñar una intervención educativa ajustada a cada caso.
El elemento más importante es saber que lo relevante no es ser un experto en este trastorno, sino partir de una actitud de apoyo y ayuda al alumno. Aceptar que necesita nuestra guía.
Desde esta actitud, es seguro que después vendrá de forma más fácil el diseño de las medidas educativas, con la ayuda del orientador.
No olvidemos que el alumnado con dificultades específicas de aprendizaje, pero más aún el alumno con TANV, puede tener asociados problemas emocionales más o menos graves. Es muy importante dar prioridad al desarrollo de las competencias socioemocionales, tanto a nivel grupal como a nivel de apoyo individualizado.







