ACTITUDES BÁSICAS DEL PROFESORADO
Es importante, como en cualquier otra dificultad de aprendizaje, que el profesorado conozca, se forme y comprenda porqué a un determinado alumno le cuesta escribir y su grafía es tan difícil de descifrar.
Ayudar al alumno a mejorar su grafía, al menos para que pueda ser legible, y adoptar medidas compensatorias para que el efecto negativo de dicha dificultad, tenga la menor repercusión posible en el aprendizaje y desarrollo personal del alumno, debiera ser el objetivo de los docentes responsables de la atención educativa del niño.
La realización de caligrafía ha sido la práctica más extendida tradicionalmente, pero hay que tener en cuenta que hacer caligrafía en exceso, puede empeorar más la situación. Como referencia se puede tener la guía de limitar a 1 renglón para niños de 1º de primaria, 2 renglones para niños de 2º de primaria, 3 renglones para niños de 3º de primaria, etc.
La caligrafía deberá reeducar aquellos enlaces, letras o giros que el niño realice incorrectamente. Para ello lo mejor será personalizarla y trabajarla en el propio cuaderno del alumno.
Es importante motivar al alumno explicándole la importancia de escribir mejor para comunicarse eficazmente a través de la escritura, mostrar confianza en que pueda progresar en dicho objetivo y reforzar los progresos. Se puede reforzar todas aquellas frases o palabras bien escritas con subrayadores, comentarios positivos al margen, símbolos o dibujos de felicitación,… Se puede establecer un sistema de economía de fichas en los que consiga puntos por cada palabra o frase escrita, que se podrán canjear por refuerzos materiales o de actividad.
Es importante insistir en la postura correcta para facilitar la escritura, aunque habrá que entender que en el caso de alumnos con problemas de hiperactividad sea complicado y requiera paciencia y un entrenamiento progresivo.
Cuidar que los útiles de escritura favorezcan una buena prensión del lápiz o la cera, adecuando el grosor, utilizando gomas anatómicas, lápices triangulados. Por otro lado es importante utilizar la pauta más adecuada a cada asignatura, a la edad o al tamaño de la grafía del alumno; la pauta ofrece referencias visuales que ayudan a aspectos como colocación de la parte central/alta/baja del grafema, interlineado, márgenes, tamaño de la letra, etc.
Para mejorar la prensión y la coordinación oculomanual, la práctica de actividades que requieran la ejercitación de la motricidad fina repercutirá positivamente en mejorar la grafía (modelar, coser, anudar, manejar herramientas, construcciones,…)
No obstante, a pesar de todos estos intentos por mejorar las dificultades disgráficas, puede ocurrir, que aunque se constate mejoría, el alumno no llegue a conseguir la habilidad que tienen el resto de compañeros, y que la fatiga que le supone la escritura le ocasione dificultad para mantener la atención en los contenidos de aprendizaje. Por otro lado, los exámenes escritos situarán al alumno en desventaja respecto al resto del grupo. Llegados a este punto, es fundamental que el profesorado considere la necesidad de establecer adaptaciones compensadoras en la metodología y en la evaluación principalmente.
El uso de las TICs, como la introducción del teclado y de determinados software (procesadores de texto, aplicaciones de diseño gráfico) van a suponer una gran ayuda para el alumno, principalmente en los últimos cursos de primaria y secundaria.
Finalmente, considerar que si bien la relación con la familia siempre es importante, en los alumnos con dificultades de aprendizaje es fundamental. Asesorar a los padres sobre cómo pueden ayudar a sus hijos, recabar información del contexto familiar sobre intereses, relaciones, conflictos,…, permitirá al profesorado conocer mejor a su alumno y ajustar las medidas y adaptaciones necesarias.







